hierve el agua parte IV

08/07/2009

Macro Zona Norte

Injustamente, dicen expertos, la minería es la protagonista infaltable de los conflictos del agua. Siendo, como es, un usuario secundario de derechos (toda la minería de Chile usa nada más que el equivalente al caudal del Canal San Carlos), y siendo por lejos el sector más dinámico en la búsqueda de eficiencia hídrica (con proyectos en donde ocho de cada diez moléculas de agua están siendo reutilizadas), en la guerra nortina del agua los mineros son para muchos “el malo de la película”. Además, convengamos que los proyectos mineros, a diferencia del agro por ejemplo, pasan por evaluación de impacto ambiental, de modo que “deberíamos empezar a preguntarnos como sociedad si esa diferencia es justa o no”, apunta Weisner.

La zona, como dijimos tiene una escasez paradigmática. Aquí no hay falta, sino que virtual ausencia de agua. De ahí que muchas empresas como Minera Escondida, Aguas Antofagasta y Minera Candelaria hayan cortado por lo sano y estén derechamente desalando abundantes cantidades de agua de mar, haciendo swaps o intercambios del líquido y reciclando el recurso para atenuar el impacto de la escasez.

Hablamos de muchos millones de dólares de inversión, de procesos tecnológicos de punta y esfuerzos descomunales para transportar el agua a cientos de kilómetros. En la zona del Loa se ha llegado al punto en que varias empresas son satelitalmente monitoreadas hora a hora para controlar las extracciones y los caudales. De hecho, cualquier persona puede verificar lo que ocurre con ese cauce a través de la página web de la DGA.

En esta zona, también, acabamos de conocer del acuerdo por el uso del caudal del Silala, un conflicto por agua que involucra a Codelco y al Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia y que es de alcance internacional; y se sabe de empresas “cazadoras” de agua que sondean y venden a las mineras. Medios como Portal Minero aseguran que hay una de Isidoro Quiroga, que ha hecho operaciones con Escondida, y otra denominada Nazca. El incentivo es claro, añade la información: “esta industria vende los derechos entre la I y II regiones en nada menos que 100 mil dólares por cada litro por segundo y han llegado hasta 130 mil por cada litro por segundo, con operaciones en torno a los 50 millones de dólares”. Vaya.

No obstante estas innovaciones y negociaciones, la zona norte alberga un número no menor de conflictos por el agua. A las publicitadas escaramuzas que tuvieran hace unos años Doña Inés de Collahuasi, El Tesoro y Cerro Colorado con las autoridades y, en algunos casos, con agricultores y comunidades, se han sumado pugnas nuevas. Una de ellas es la que ha involucrado a SQM, que puja por desarrollar su millonario proyecto Pampa Hermosa (1.033 millones de dólares), el cual tiene sobre alerta a operadores turísticos, comunidades locales y ambientalistas, por los alcances que estas faenas podrían tener sobre los puquíos de Llamara y el ecosistema que alberga cianobacterias que son definidas como únicas en el mundo.

También en el extremo norte, en medios comunales, locales y sitios Internet, es posible ver convocatorias de atacameños a resistir la explotación de los géiseres del Tatio y en el Loa por parte de Geotérmica del Norte y la Empresa Nacional de Geotermia. Si bien la empresa ha firmado convenios con indígenas en Caspana y Toconce, no todo el mundo está de acuerdo. Los miedos localistas tienen que ver con que las ya escasas aguas de los ríos Salado y Loa desaparezcan y que se terminen fusionando y desviando los caudales subterráneos y afectando indirectamente algunas actividades turísticas.

Otro conflicto tiene como eje las acusaciones de extracciones no autorizadas de agua desde el acuífero de la Pampa del Tamarugal. Acá, los actores involucrados han sido Aguas del Altiplano (de la familia Solari), SQM y Cosayach, en donde las dos primeras por separado han iniciado procesos contra la última y en que ha habido fallos judiciales favorables para ésta, que están siendo debatidos en las cortes y analizados en sus alcances por la DGA.

Pero es en Copiapó, o sea en la III Región, donde está el epicentro de las batallas de esta macro zona y, por qué no, del país. Allí la agricultura, la minería y las comunidades han estado en pie de guerra y los que no han tenido ánimo de batalla, pues bien, han vendido sus derechos de agua en suculentas sumas, algo que en el pasado han cuestionado ejecutivos del rubro exportador, como Miguel Allamand de Subsole. Entre otras cosas, porque las vencedoras, las mineras, dan menos empleo que las agrícolas.

Ahora bien, digamos que dejamos lo mejor para el final. Sí, porque las luchas icono son las que protagonizan diversos grupos de interés con Pascua Lama y la que involucra a la sanitaria Aguas Chañar, a Minera Candelaria y a los productores agrícolas, entre otros.

En el primer caso, la situación ha llevado a que los detractores se organizaran como Coordinadora Regional por la Defensa del Agua y el Medioambiente en Copiapó. Bajo ese paraguas, dirigentes vecinales, sindicales, ambientalistas y hasta el obispo de Atacama se movilizan contra la escasez de aguas y lo que temen puede ser una amenaza superlativa. Las movilizaciones se han expresado en los muros bajo consignas como “agua sí, oro no” o “el agua no se vende”.

Ya antes de la aprobación del proyecto, las cuencas de los ríos Huasco y Copiapó acusaban bajas sustantivas en sus caudales, así que ahora los temores se han multiplicado. Si bien el proyecto está a más de 5.000 metros de altitud, en la frontera con Argentina, se teme que impacte en los glaciares que alimentan los ríos y provoque ciertos focos de contaminación.

En el caso de Aguas Chañar, el conflicto que se consigna es literalmente uno innovador, ya que tiene que ver con el uso de las aguas servidas tratadas. Hace unos años, esa vertiente de conflicto no existía, mas ahora sí. Más allá de si hay más derechos concedidos que los razonables sobre la cuenca del Copiapó o si las extracciones son excesivas, la polémica enfrenta a los agricultores y Aguas Chañar, porque esta última y Minera Candelaria pidieron y consiguieron la aprobación de la Corema para un acueducto que conducirá las aguas tratadas a las faenas mineras. Se trata de una operación ajustada a Derecho y que cuenta con aprobación, pero que no les gusta a los agricultores porque esas aguas dejarán de retornar a las napas.

Lo curioso de esta pugna es que por regla general las aguas tratadas son de propiedad de las sanitarias y ellas no están obligadas a retornarlas a los caudales y pueden destinarlas a fines como el señalado. Como veremos, en la zona centro esta polémica no es privativa de Aguas Chañar, la cual a su favor ha argumentado que al entregar el agua a la minera aliviará la presión existente sobre los acuíferos y al ser remunerada la venta de esas aguas tratadas, ello debiera reflejarse en las cuentas de sus clientes por la vía de bajas tarifarías. Además, la empresa ha anunciado acciones a favor de los regantes aguas abajo.

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