Nanotecnologia los innovadores productos que llegan a Chile

09/08/2009

Los gigantes automotrices del mundo han comenzado a usarla y los resultados parecen sacados de la ciencia ficción. Pero no. El desarrollo de la nanotecnología -que permite manipular las propiedades de la materia a nivel de moléculas y átomos- ha permitido tener autos que no se ensucian, no tienen rayas y repelen el impacto del agua o de la nieve en sus parabrisas. Mercedez Benz, de hecho, ya tiene entre sus desarrollos un prototipo que no necesita plumillas.

El tratamiento del cáncer, asimismo, ha encontrado en este desarrollo un posible camino de solución, y en otros campos, como la industria, ya se asoman nuevos procesos que podrían, en unos años, dar respuesta a temas como la contaminación ambiental.

La nanotecnología no está lejos de Chile. Ya se aplica en compañías del rubro alimentos, para descontaminar las superficies donde se procesan frutas o salmones, y en algunos grandes edificios en Santiago ya se está empezando a trabajar para decir adiós, casi de forma definitiva, al limpiado de vidrios. La experiencia en nuestro país, en todo caso, sigue siendo muy incipiente. Comercialmente, recién en enero pasado comenzó a operar una empresa, bajo el nombre de Nano Chile, que lentamente ha logrado vender el concepto. El Metro de Santiago, la salmonera Aqua Chile, Mall Plaza y las exportadoras Unifrutti y Subsole son sus primeros clientes, pero de aquí a fines de año espera tener más.

Primeros pasos

La firma es controlada en un 53% por los empresarios Juan Manuel Ortiz y Udo Kretschmer, presidente y gerente general, respectivamente, quienes se aliaron a fines de 2008 con los hermanos Marcos y Fabián Orellana -este último doctor en Ciencias con mención en Química y especialista en nanotecnología-, quienes ya tenían un proyecto propio, orientado al sector agrícola.

Tras juntar la idea con el capital necesario para operar, fundaron la compañía con base en Linderos, que en estos meses ha ido de menos a más. El producto: la aplicación de nanopartículas de dióxido de titanio sobre superficies, las que mediante un proceso llamado fotocatálisis descomponen bacterias, hongos y materia orgánica y las transforman en agua y CO2.

En términos simples, el procedimiento equivale a colocar una delgadísima superficie de nanopartículas que quedan atachadas a la superficie a utilizar, lo que implica tener, por ejemplo, las cubiertas de una fábrica de alimentos totalmente sanitizadas. “Hemos hecho muchas aplicaciones con resultados extraordinarios”, dice Ortiz.

Por tratarse de un negocio nuevo, las perspectivas comerciales son ilimitadas.

A diciembre pretenden facturar medio millón de dólares, una cifra que en el mediano plazo -dos a o tres años, como máximo- se multiplicaría hasta los US$ 10 millones. Esos son los cálculos por ahora, mientras el foco está puesto en procesos industriales en las áreas de alimentos y también de la salud. Pero el mundo inmobiliario también está en sus planes. “Ya estamos con un producto para vidrios, en que aplicamos nanopartículas hasta formar una capa hidrofílica, que elimina la tensión superficial. Al contacto con el agua, ésta no puede adherirse y entonces no es necesario limpiar”, cuenta.

Hacia adelante, el objetivo es incursionar en otras aplicaciones. El control de emisiones como humo, en ambientes abiertos y también confinados, es una posibilidad. También lo es la descontaminación del agua, tanto a nivel de firmas de servicios sanitarios como a nivel de operadores hospitalarios.

Fuente: "La Tercera"
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