Concepcion inmovilizada por el temor

18/03/2010

A casi 20 días del terremoto de la madrugada del 27 de febrero:

Concepción inmovilizada por el temor

Parecieran estar suspendidos en el aire. Hay miedo a más réplicas y a nuevos tsunamis. Pero sobre todo paraliza el horror de lo vivido. Los saqueos abatieron los espíritus mucho más que las furias de la tierra y del mar.

En la populosa Concepción tienen claro el orden de las plagas: terremoto, luego maremoto, saqueo e incendio. Pero después de la segunda intercalan, moros y cristianos, a Bachelet. Argumentan que, sin la indecisión de la ex Presidenta para decretar el estado de catástrofe y llamar a la fuerza pública, nunca habrían tenido el saqueo e incendio que hoy se viven como desabastecimiento y ambos les hundieron un cuchillo en el alma.

Es fuerte lo que relatan. Se desahogan y lamentan: estamos agotados psicológicamente. Es triste, Concepción está caída y durante 5 días nos sentimos abandonados por el país. Es una pena por mi ciudad, pero estamos destruidos.

El miedo los tiene paralizados, nos explica un alto ejecutivo bancario que trabaja de sol a sol para abrir de nuevo todas las sucursales.

¿El miedo a qué? A los temblores, dice inicialmente, como todos, pero lo más fuerte lse refiere a la herida que le dejaron los saqueos.

Todos los vivieron de una u otra forma y relatan cómo fueron de lo chico a lo grande, a los locales de esquina y los megasupermercados, a las perfumerías y a las farmacias. Pero también sufrieron las antenas de celulares (sus generadores y el combustible), las bodegas, incluso los estanques de agua estuvieron amenazados por hordas que buscaban el caos.

Nada se salvó y ningún barrio tampoco. "Hay 210 personas formalizadas, pero es simbólico, porque participaron 10 mil personas en los saqueos", dice el abogado Armando Carter.

"Es terrible para nosotros y la gran vergüenza es que la gente no reconoce los saqueos. Prefiere negarlos", describe Alonso Benavides, profesor de periodismo y comunicaciones en la U. de Concepción y la del Desarrollo.

Y todos los relatos remiten rápidamente a los días de terror que siguieron, pensando que después de los locales vendrían los asaltos a las casas.

"Fue mucho más terrible que el terremoto. Hasta con escopetas los vecinos resistieron a unos muchachos de Boca Sur que intentaron asaltar la villa de San Pedro donde vivo", señala Cecilia Matamala. Aún refleja el temor por sus dos hijos. Al de 15 años le pasaron un arma para defender a la familia.

La mayoría reconoce que finalmente actuaron grupos aislados de delincuentes, pero nunca un barrio se fue sobre otro, que fue el temor, que se convirtió en una sicosis inatajable, y que se expresó en barricadas en los barrios y calles cerrados. Muchos continúan con barreras.

"El mito lo alimentaron, además, los disparos que escuchamos durante tres noches y las amenazas de asaltos, que eran un rumor pero que no sabíamos si se concretarían", señala Alejandra Munita, mujer de Benavides. Al amanecer del día 27 se esguinzó una mano, luchando contra las ondas para subir la escalera al segundo piso y bajar a sus tres hijos pequeños.Sólo el domingo se dio cuenta del daño y los moretones.

Apagones y réplicas

"Es muy triste, muy triste", se lamenta Patricia Subercaseaux, con 5 hijos, a quien el terremoto le movió todas sus certezas.

"Yo nunca había tenido miedo antes. Hasta que llegaron los milicos esto era guerra civil, incluso con gente acomodada aprovechándose. Y el apagón del domingo nos devolvió a la sensación de impotencia, sin agua, sin luz, sin bencina, sin poder comprar, todo saqueado y desconectados del mundo y del resto de Chile", añade abatida con una de sus hijas en brazos.

No fueron fáciles los días sin servicios básicos y todavía muchos no tienen gas (si es de cañería), el agua les llega como un hilo o nada y los cortes de electricidad se repiten.

El lunes en la noche la réplica de 6,6 grados Ritcher le apagó a muchos la luz de nuevo y volvieron a salir a la calle, a pesar del toque de queda, a esperar la llegada de la luz del día. La gente hablaba, sonaban fuerte las radios (que han sido su gran compañía), los celulares colapsaron de nuevo y se consolaron los vecinos esperando juntos que la tierra se asentara, porque no dejó de remecerse durante horas.

No había agua para nadie esa noche movida y se reanudó el suministro el martes en la tarde. Hoy están de nuevo sin agua.

La ansiedad también la remece por el hecho de tener pocos locales donde comprar y que no haya de todo. O que haya que entrar en grupos a los bancos, resguardados cada día menos por militares, y que los redbanc estén sin plata porque todavía el efectivo es lo más práctico.

Los niños no están yendo a clases, aunque debieran hacerlo el lunes 5 de abril si los servicios lo permiten. Y sus padres no están yendo a trabajar. No mayoritariamente. No es sólo una cuestión de ánimo. Concepción era una ciudad con alta conectividad. Ahora, el terremoto dejó en pie un solo puente, el Llacolén, para cruzar al sur y San Pedro de La Paz, la comuna dormitorio de profesionales con una treintena de edificios y grandes colegios.

La fila para ingresar a él se extiende por doce cuadras y toma una hora y media superarla. La costanera que conduce a barrios residenciales y Chiguayante está cortada, como también lo está el puente ferroviario, entonces tampoco circula ya el Bíotren y el tren que transportaba carga forestal y cementera a San Vicente. Los tacos y las calles cerradas por el peligro de derrumbe de edificios colapsados los tienen por primera vez con restricción vehicular.

"El daño de este terremoto fue muy inferior al de 1939 cuando hubo 10 mil muertos y se cayó toda la ciudad", señala Carter, aficionado a la historia y con varios libros publicados.

Ahora hay 50 muertos y de un total de casi mil edificios -prosigue el abogado- apenas 7 son sujetos de demolición y 50 tienen fallas graves estructurales y están en evaluación. El único edificio donde murieron personas, 8, fue en el Alto Río, que se desplomó, y el resto corresponde a construcciones de adobe o ladrillos muy antiguas, en el casco histórico de la ciudad.

El daño mayor lo produjo el mar que a la industria pesquera le destruyó un tercio de la flota y a otro tercio lo dejó dañado.

"Las tres entradas de la ciudad están afectadas, la forestal, la pesquera y la comercial. Y muchos de los saqueados no tienen el capital para partir de nuevo, después de perderlo todo", describe Benavides.

Todo lo material puede reconstruirse, pero lo que tiene en suspenso a Concepción, y le impide partir a sus 300 mil habitantes a reconstruirla, no pareciera estar en la Tierra. La intranquilidad después

ALONSO BENAVIDES Y ALEJANDRA MUNITA "Es terrible para nosotros. Y la gran vergüenza es que la gente prefiere negar los saqueos".

CECILIA MATAMALA "Con réplica del lunes salimos todos a la calle y nos quedamos afuera hasta las 2:30 esperando que volviera la luz".

PATRICIA SUBERCASEAUX "Nunca viví algo más chocante que los saqueos, incluso de gente acomodada. Es muy triste, muy triste".

Fuente:"El Mercurio"

Fuente: El Mercurio

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