Tan cerca y tan lejos del agua

18/05/2010

Tan cerca y tan lejos... del agua

San Antonio, en El Fuerte, es un pueblo que ha aprovechado el ingenio y trabajo para aminorar los problemas de sequía en esa comunidad carbonera


SAN ANTONIO, EL FUERTE._ Agua, gritó Magdiel, un pequeño de poco más de un año. Lo hizo en muchas ocasiones. Y nadie respondió. 
En medio de la tierra blanquecina, y un escenario natural en el que abundan los colores claros, lo verde pasa a ser algo que causa sorpresa. Lo húmedo, casi imposible de encontrar. 
En este poblado, ubicado en el último paso antes de cruzar la frontera que divide a Sinaloa de Sonora, es una petición habitual. El agua escasea. 
Para llegar, hay que viajar a El Fuerte. Después, una hora más, con rumbo a Choix, entre caminos de terracería. 
La mayoría de la vegetación se ha secado. Hay árboles que parecen dorados y otros plateados. No hace aire. El polvo forma parte del escenario natural. El calor abraza desde antes de llegar. 
Se llama San Antonio. El último punto de referencia para llegar es que hay que atravesar la compuerta de la presa Josefa Ortiz de Domínguez. 
Está conformada por una treintena de casas, muchos caminos amplios, pocos árboles grandes y separados que brindan sombra. 
Casi en medio, hay un pequeño salón de 4 por 4 metros en un terreno amplio. Esa es la escuela. Ahí cursan el kínder y la primaria algunos 16 niños, de todas las edades, revueltos.
Poco más a la entrada, hay otro salón, quienes estudian la secundaria. Ahí van sólo ocho. 
Tres maestros son los que vienen de fuera. 
A la llegada de cualquier auto, los pobladores salen y saludan con amabilidad. 
"¿Qué nuevas?", se les pregunta. La mayoría de los hombres son mayores de 30 años, usan sombrero y huaraches cruzados. Ropa gruesa, pero cómoda. 
"Casi no hay nada nuevo... Agua es lo que falta", responde uno. 
Las casas, en su mayoría están construidas por adobe, con esqueletos hechos de latas, acomodadas de manera horizontal. Los techos, soportados por vigas, son de diferentes materiales. Incluso algunos tiene tierra encima, para aminorar el calor. 
Hay otras que ya tienen indicios que han llevado hasta allá concreto, varillas, ladrillos. 
Se pueden ver a las familias en los porches de sus casas, en mecedoras o cualquier cosa que pueda servir para sentarse. Platican, menean cualquier cosa que haga viento, se secan el sudor y platican otra vez. 
La energía que utilizan la consiguen a través de páneles solares. No se ven televisiones o radios. Tienen pequeños hornillos y estufas acondicionadas con piedras, en donde queman madera o carbón, para cocinar. 
La delegación Sinaloa de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales dio con este poblado, al ofrecer su Programa de Empleo Temporal. 
Así como San Antonio, existen en Sinaloa cerca de 2 mil 500 poblados alejados de la mano de las administraciones municipales, de los servicios públicos básicos y con problemas de sequía y empleo. 

Viven de carbón y madera 

"Aquí es puro corte de madera, carbón, estacón, corte, retén... Es lo único de lo que se sostienen la gente", explicó Miguel Ángel Valenzuela, quien hasta hace poco era el titular del comisariado ejidal. 
"Aquí, somos como 30 familias. Todo somos carboneros". 
El resto de la madera, como el estacón, se utiliza para el tomate. 
"Se lo ponen al tomate y ahí se va agarrando la matita", explicó. "Y se venden al mejor comprador, vienen ellos de Los Mochis, del lado de Juan José Ríos. Hay unos que transportan para el lado de Ensenada. A 3 pesos la latita. Se la llevan en los tráilers". 
Las mujeres también se han integrado a esta labor de corte de madera y elaboración de carbón. 
Pero, con la escasez de agua y el corte por producción, podría haber problemas de deforestación. 
"No", dijo Miguel, "porque estamos reforestando también. Tenemos un vivero en Palo Colorado, en la comunidad. Se reforesta en áreas donde más hemos trabajado". 
Para eso del vivero, la Semarnat también empleó a las mujeres. En total, son 26 las que atienden el vivero. 
Otra de las actividades que realizan ahí para subsistir es la ganadería informal. Y es informal, porque la Semarnat asegura que no tienen permiso para eso. 
Venden ganado en pie. 
A la llegada del poblado se pueden observar algunas decenas de reses. Y este también es un factor que ayuda a que la zona se vea más seca. 
El ganado, según confirmó la delegada Carmen Torres, come lo que sea, de donde pueda y no hay manera de recuperar, en algunas ocasiones, esa zona forestal que es devastada. 
Esto, es el principio de un ciclo: la vegetación termina, no se generan condiciones para llueva y no puede reverdear en mucho tiempo. El calor es mayor. 
Fuente: El Mercurio

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