Desafiando a la muerte en el ultimo punto de contacto con las victimas del desastre en Pakistan

19/08/2010

Corresponsal de The Times llegó hasta Basham, en el valle de Dubair, donde 15 mil personas están casi aisladas:
Desafiando a la muerte en el último punto de contacto con las víctimas del desastre en Pakistán

Las peores inundaciones en la historia moderna de este país se llevaron numerosos puentes que cruzan el crecido río Indus. Sólo es posible llegar a la otra orilla con la ayuda de una frágil jaula que se desliza por una cuerda sobre el furioso torrente. 

Zahid Hussain
KUND.- La desvencijada jaula de hierro, con seis de nosotros apretujados en ella, se mecía de un lado al otro mientras se deslizaba lentamente por el cable de acero instalado a lo ancho del torrentoso río Indus.
Veinte metros más abajo, las olas chocaban violentamente contra las rocas. El hombre que estaba sentado a mi lado y un médico que trabajaba para Save the Children elevaban la varilla de hierro que impulsaba la jaula a lo largo de su trayecto de 200 metros hasta la orilla opuesta.
A cada pausa, la roldana oxidada crujía, el cable se sacudía hasta detenerse y pendíamos en forma precaria sobre el torrente, oscilando de un lado a otro.
Habíamos viajado sólo cinco minutos, pero pareció una eternidad. Después de algunos momentos escalofriantes estábamos partiendo de nuevo, para llegar 10 minutos después a una plataforma de concreto quebrada. Eso fue todo lo que quedó del puente que había estado aquí antes de las peores inundaciones en la historia del Pakistán moderno que arremetieron desde las montañas.
La destrucción del puente Indus, uno de varios que se llevó el agua durante las últimas dos semanas en el norte de Pakistán, aisló a docenas de aldeas del pueblo principal de Basham, en el valle de Dubair, Kohistán, dejando a 15 mil personas a merced de este rudimentario mecanismo para abastecerse.
Apenas éramos capaces de gatear para salir, nuestras rodillas parecían jalea, cuando una multitud de personas desesperadas por recoger alimentos y otras provisiones de las organizaciones internacionales de ayuda que se encontraban en la otra orilla pasaron casi encima de nosotros. Para nuestro horror, la jaula pronto partió de nuevo llevando a una docena de pasajeros -demasiados para ser segura- algunos colgando de las barras por sobre las aguas turbulentas.
"Sabemos que es muy peligroso pero así es como vive la gente aquí", manifestó Kifayat Ullah, profesor de escuela que esperó tres horas para encaramarse. Ahora la vida en este traicionero territorio se ha vuelto incluso más difícil.
Aldea tras aldea en el valle de Dubair han sido arrasadas, los habitantes han tenido que dejar sus casas debido a las inundaciones. El valle que alguna vez fue pintoresco se ha visto reducido a escombros y gran parte de la población ha escapado.
Amjad Khan, oficial de policía en la aldea de Kund, estaba de servicio el 31 de julio cuando vio cómo el agua inundaba el puente. "El nivel del río había subido casi 15 metros sobre lo normal. Venía lleno de troncos que había arrasado de los bosques en las montañas", explicó.
En un instante, la estación de policía, a 100 metros de la ribera, desapareció. "No podía creer lo que veía cuando toda la estructura de concreto se vino abajo por la presión del agua", contó Khan.
The Times escuchó numerosos relatos similares de testigos de la devastación causada por las inundaciones en esta parte del país.
Mirza Khan observó desde su casa ubicada en terrenos altos por sobre los 300 metros de la ribera cuando el río aumentó rápidamente después de dos días de fuertes lluvias. "El nivel de agua subía casi tres metros por hora", indicó Khan, de 24 años, quien hace poco había regresado a su aldea después de terminar sus estudios universitarios. A las pocas horas el 90% de las casas en el valle había desaparecido.
Las condiciones para quienes viven en las montañas han sido incluso peores. Rahim Gul caminó durante 36 horas hasta Basham para conseguir alimentos para su familia, la que aún está en la aldea, ubicada en la cima de una montaña de 3 mil metros. "Hay gente anciana y débil, mujeres y niños que no pueden caminar esta distancia", contó Gul, cuya pequeña granja con cultivos en terrazas fue consumida por el torrente en cosa de horas.
Save the Children y otras organizaciones de ayuda han utilizado mulas para llevar suministros a las aldeas montañosas. No obstante, es un trayecto costoso y muy difícil y las mulas no pueden transportar los alimentos y agua suficientes para todos.
La aldea de Shangla, una plaza fuerte talibán antes de la ofensiva del ejército del año pasado, también fue devastada por las avalanchas que provocaron las lluvias torrenciales sin precedentes registradas este mes.
 Incalculable
A medida que la cifra de víctimas aumenta, el daño a la economía aún es imposible de calcular. Las autoridades dicen que, además de caminos y puentes rotos, docenas de pequeñas plantas hidroeléctricas quedaron destruidas, con lo que se cortó la electricidad en la región. "Pasarán muchos años antes de que la vida vuelva a la normalidad aquí", dijo un funcionario de una entidad humanitaria.
Fuente:El Mercurio

Fuente: El Mercurio

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