Agroenergia

23/11/2010

Mejorar la huella de carbono de los productos exportados o diversificar la matriz con agroenergías son parte de los ajustes necesarios. Sin cambios, podría estar en juego la ya complicada competitividad de las agroexportaciones. Aunque suene contradictorio, Chile está "verde" o en pañales en materia de energías limpias. Pese a que en el mundo la tendencia apunta a cambiar las actuales fuentes energéticas en base a combustibles fósiles por energías renovables, lo cierto es que en Chile se avanza a paso lento... muy lento.

Hoy, las centrales termoeléctricas de carbón, petróleo, gas natural y las hidroeléctricas de embalse, siguen conformando casi la totalidad del escenario nacional energético. Para ser exactos, según cifras de la Asociación Chilena de Energías Renovables, ACERA, sólo el 1,8% de las fuentes energéticas se producen a partir de energías renovables no convencionales (ERNC), lo que es poco, comparado con países como China, Estados Unidos e India, que vienen dando cátedra sobre incentivos para la inclusión de este tipo energías. Y no sólo las grandes potencias marcan tendencia. Mucho más cerca, específicamente en Costa Rica, se viene desarrollando hace años un ambicioso plan para ir reemplazando la base de la generación energética. De aquí al 2024 su compromiso es tener el 100% de las energías del país en base a ERNC.

Sin embargo, en Chile, más allá del discurso, en el tema se va piano, piano. El problema es que la demora en subirse al carro podría significar aumentar, en el mediano plazo, el impacto en la ya vapuleada competitividad del agro. Para ser potencia alimentaria no basta con producir volúmenes y calidades óptimas, además hay que contar con indicadores positivos de emisiones y un historial comprobado de buenas prácticas

Ya es conocido que las energías en base a combustibles fósiles -altamente contaminantes y al mismo tiempo depredadoras de recursos naturales no renovables- están siendo reemplazadas por energías que impactan menos el ambiente. Paralelamente aparecen en los mercados conceptos como la ya mentada huella de carbono, donde se privilegian los productos que exponen mejores indicadores de emisiones en el proceso productivo y de transporte. Exigida por los consumidores, la huella de carbono ya se ha transformado en parte de las legislaciones de algunos países, como en Francia, que están estableciendo los parámetros y requerimientos para los artículos que importan.

Si la generación energética de un país está basada en combustibles fósiles, la huella de carbono -y probablemente otros parámetros medioambientales- se eleva y la competitividad de los productos cae, incluso los del agro. Por ello tener energías verdes no sólo es sustentable a nivel medioambiental, es sinónimo de negocios y competitividad.

El problema es que hoy Chile sigue siendo un país "carbonero", ya que la mayor parte de su matriz energética es a partir del carbón, seguido por el petróleo y el gas natural. Aún más, produce sólo el 32% de la energía que necesita, la demás se importa.

"Para un país exportador de recursos naturales y productos, no hacerse cargo de los cambios que requiere la matriz es realmente dispararse en los pies, porque abre un flanco de vulnerabilidad más allá de lo aceptable", sostiene Sara Larraín, directora de Chile Sustentable.

Aún así, en Chile pareciera que el escenario no va a cambiar en el corto plazo.

Según cifras muestra que Chile es Sustentable, sobre el 60% de los proyectos que se están evaluando actualmente en el país son en base a combustibles fósiles. Tal dependencia complica la aspiración de avanzar hacia una economía con baja huella de carbono.

Fuente: El mercurio

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