Cumbre Mundial Johannesburgo

22/04/2002

Cumbre Mundial Johannesburgo -------------------------------------------------------------------------------- Klaus Töpfer

Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo del PNUMA

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Quiero presentarles a Jorge, jardinero, padre de tres hijos y ciudadano de Kenya. Cada día, Jorge trae 2,5 dólares al hogar, equivalentes a 60 dólares por mes para una semana de 6 días de trabajo. El gasto mayor de la familia es para combustible. Hasta una quinta parte, o casi 12 dólares, se gastan en carbón y kerosén para cocinar e iluminar su pobre casa de dos habitaciones en un barrio bajo de Nairobi. El humo de la cocina deja a Jorge, su esposa Juana y los tres chicos con constante tos y dificultad de respirar. Pero hacer el cambio a gas u otro combustible es cosa imposible con el magro salario que Jorge trae a la casa.

Alrededor de 13 dólares por mes se gastan en alquiler. El resto se va en alimentos y de tanto en tanto la compra de ropa. A la hora del almuerzo, Jorge se conforma con un bocadillo de aire’, como dicen en su barrio. Por lo general, se tumba junto a la cerca más cercana durante una hora y contempla su vida. La comida de la noche, la única comida verdadera del día, consiste de harina de maíz, hojas de col rizada picadas y fritas (un plato llamado sukuma wiki), y de vez en cuando un poco de carne.

La combinación de una dieta pobre, mal aire en la casa y agua potable contaminada significa que Jorge y Juana viven en constante temor de enfermedad. Los días sin trabajo son frecuentes. Pagar cuentas de hospital está fuera de cuestión, de manera que si alguien en la familia cae enfermo, la única medicina disponible es rezar. Jorge y Juana sueñan con que un día tendrán suficiente dinero para mandar a sus hijos a la escuela para que ellos, con educación, puedan escapar al círculo vicioso de la trampa de pobreza.

Pero lo mismo que el cuidado del medio ambiente, esto sigue siendo un sueño para alguien que vive con menos de 3 dólares por día. Jorge sabe que el carbón que quema proviene de la tala insostenible de los bosques. Todos los días, en su camino al trabajo, puede ver el paisaje despojado de los montes Ngong antaño cubiertos de bosques. Y también sabe que esos bosques son vitales para mantener los ríos locales limpios y llenos de agua, y para preservar la vida silvestre. No obstante, para los desesperadamente pobres, salvarse a sí mismos viene antes de salvar al planeta.

Hay miles de millones de Jorges y Juanas todo a lo largo y ancho del mundo en desarrollo. Y hasta podríamos considerarlos como los afortunados. Se calcula que la mitad de los habitantes del mundo viven con menos de 2 dólares por día, con alrededor de una cuarta parte consignados a vivir en pobreza absoluta, con menos de 1 dólar por día.

Cada año, 16 millones de personas mueren de hambre, mientras un total estimado de 800 millones de habitantes del mundo están desnutridos. Aproximadamente 1.000 millones de personas carecen de cualquier tipo de atención de la salud y otro número similar carecen de vivienda adecuada. Más de 1.000 millones carecen de agua segura o suficiente cantidad de agua para beber, y casi 1.000 millones de personas son analfabetas. Para más de 2.000 millones de personas no hay saneamiento adecuado.

El PNUMA trabaja sin descanso para tratar de romper los vínculos mortales entre la salud, la pobreza y el deterioro del medio ambiente. Así por ejemplo, ha estado a la vanguardia de la lucha contra los productos químicos peligrosos para la salud que con anterioridad este año llevó la Convención sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes y, en cooperación con la Organización Meteorológica Mundial, estableció el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos, a través del cual el mundo está tomando cada vez mayor consciencia de las conexiones entre el calentamiento de la Tierra, la pobreza y la salud.

Pero mucho más aún queda por hacer. Y ello requerirá alianzas dinámicas entre nosotros, otras agencias y organizaciones de las Naciones Unidas, la industria y los gobiernos, así como con instituciones financieras y benéficas.

Estos problemas estarán en el centro de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible a celebrarse en Johannesburgo el año próximo. Es necesario que convirtamos este evento en un éxito o todos resultaremos más pobres. Se lo debemos a Jorge y Juana y su familia. Nos lo debemos a todos nosotros mismos.

El presente número de Nuestro Planeta está dedicado a esta gente y a nuestra esperanza en el PNUMA de que la tarea de ocuparnos de los vínculos entre pobreza, mala salud y medio ambiente se convierta en una empresa mundial común. Pues a menos que encaremos estos vínculos jamás llegaremos a muchas de las causas que se hallan en la raíz del empobrecimiento del medio ambiente que amenaza la calidad de la vida de todos, ricos o pobres. Como observa tan justamente mi colega H.N.B. Gopalan, Gerente de Trabajos en Medio Ambiente y Salud del PNUMA: Jamás se logrará salvar y conservar importantes ecosistemas, hábitats y en última instancia un planeta sano si en sus márgenes hay personas pobres, desesperadas, de mala salud y sin esperanza."

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