LA SEQUÍA SUBTERRÁNEA Y SILENCIOSA

11/08/2005

Desde el año 1968 viene ocurriendo un fenómeno repetitivo cada vez que se enfrenta un año con escasas precipitaciones: 1) Las autoridades plantean la necesidad de ahorrar agua para hacer frente a la crisis. El año 1999 se agregó el ahorro de energía. 2) Algunos profesionales proponen emprender acciones de largo plazo ya que resulta evidente que las sequías ocurren cada vez con mayor frecuencia. 3) Llueve intensamente ese año o el siguiente y todos se olvidan del problema y pasan a darle prioridad al tema de las inundaciones que constituyen una nueva, crisis, pero esta vez debido al exceso de agua. 4) Llueve poco un determinado año y volvemos al paso 1 y siguientes en forma iterativa. Ningún gobierno es diferente a otro en este proceder.

Mi desempeño profesional se inició el año 1965 y he sido un observador crítico de esta realidad debiendo aceptar que mis modestos esfuerzos han sido hasta la fecha inútiles ya que no de conseguido cambiar la visión del problema. Seguimos funcionando con el mismo Código de Aguas y las entidades estatales que tienen que ver con materias de recursos hídricos no se han podido adecuar a una situación que lo justifica sobradamente. Además la rotativa de profesionales calificados afecta su capacidad técnica.

Muchos especialistas han advertido respecto de la gravedad del problema y uno de ellos lo advirtió hace un par de años diciendo “debemos cerrar la llave”. Pero el modelo económico imperante no ha captado la naturaleza ni la magnitud del real problema que enfrentará nuestro país y que en muchos lugares ya afecta las actividades humanas.

La crisis de los últimos años 1999 del sistema energético es una señal muy fuerte de que el grado de vulnerabilidad de nuestro país en cuanto a la oferta de agua llegó a un límite que nadie se habría aventurado a pronosticar. El país se ha demostrado más vulnerable hoy en que se privilegia el actuar de los privados que antes, cuando las principales acciones en el sector energético eran asumidas casi íntegramente por el Estado.

Debiera bastar con observar las imágenes de dos de nuestros principales embalses de aguas superficiales, Laguna Laja y Maule, para tomar conciencia de que algo inusual está aconteciendo y que no hacemos nada por corregir la situación. Nuestra actitud como país es la de aquel que se resigna a aceptar una realidad como una especie de mal divino. Se requerirían varios años de precipitaciones para recuperar los niveles históricos de los principales embalses.

Las lluvias caen desde el Cielo y cuando no llueve muchas culturas desde tiempos antiguos hacen rogativas a sus dioses para que cambien de parecer y hagan llover copiosamente. Siendo evidente que no es factible cambiar artificialmente el régimen de precipitaciones pareciera que nada se puede hacer además de rezar.

En la práctica en la actualidad hay menos agua y de peor calidad que hace tres décadas. Esto es evidente para cualquier observador. Enfrentamos una escasez creciente producto de que la oferta de agua disminuye y la demanda aumenta considerablemente.

En especial me preocupa el tema del agua subterránea y el de su disponibilidad futura pues es demasiado evidente que estamos enfrentando una situación que se torna cada vez más grave y que, en la misma medida que transcurre el tiempo, se reducen dramáticamente las opciones para corregirla.

El hacer conciencia sobre lo que está ocurriendo con la disponibilidad de agua subterránea es en extremo difícil ya que, a diferencia de los embalses superficiales, los embalses subterráneos no son observables directamente. Y se aplicará la frase aquella de que “ojos que no ven, corazón que no siente”.

2. ANÁLISIS DE CONCEPTOS BÁSICOS

Considero pertinente hacer un análisis de ciertos conceptos que son fundamentales para alcanzar una mayor claridad sobre la grave situación que afecta a los recursos de agua subterránea en Chile.

2.1. Cantidad de agua subterránea

Del total de agua dulce en estado líquido sobre los continentes de nuestro planeta, un 97% correspondía a agua subterránea y el 3% restante, era agua superficial en ríos, esteros, lagos, embalses, etc.

Esta afirmación produjo la impresión en todos los profesionales que trabajábamos en aguas subterráneas, de que el recurso agua subterránea era inagotable y que le podía explotar en la medida que sea necesaria sin límite alguno. Creo que este concepto es completamente errado y puede haber influido grandemente en la actitud que los profesionales y el país todo, han tenido sobre este importante recurso.

Los embalses de aguas subterráneas sin descarga o explotación pueden ser enormes, pero los ríos renuevan su caudal casi todos los años por lo que para un período de, por ejemplo un siglo, un río puede transportar muchísimo más agua que la contenida en un gran embalse subterráneo.

Mi inicio en Hidrogeología es el año 1964. Desde esa fecha me parecía que la evidencia empírica demostraba que los embalses subterráneos no eran inagotables. Prueba de ello es que quien fuera mi Profesor Guía de Tesis de Grado, Don Juan Karzulovic K., (q.e.p.d.), en un informe de mediados de la década de los 50 ya advertía que en la parte céntrica de Santiago se estaba registrando un descenso sostenido y paulatino de los niveles del agua sub-terránea de una magnitud del orden de 1 metro por año. En esa época había muy pocos pozos en explotación y el estudio se basó en información muy simple y fácil de obtener.

Uno de los embalses subterráneos más grandes de Chile, como es el de la Pampa del Tamarugal fue estudiado por Agustín Hojas B. y Raúl Campillo U. y los resultados de dicho trabajo están contenidos en el informe “HIDROGEOLOGÍA DE LA PAMPA DEL TAMARUGAL”. Pese a la enorme cantidad de agua subterránea almacenada por siglos en el relleno sedimentario Cuaternario, extensos sectores registraban un descenso tal de niveles que incluso se traducían en una inversión del sentido del escurrimiento.

2.2. Sequías Recientes

En la tesis de grado de Harry King, profesional de ENDESA, se hizo una interesante análisis de las precipitaciones y temperaturas entre La Serena y Concepción. Basado en la técnica de los promedios móviles dicho investigador concluyó, a mediados de la década de los 60, que la estadística pluviométrica señalaba de manera irrefutable que, con el correr de los años, la tendencia de las precipitaciones era a disminuir y que el descenso era mucho más fuerte en el Norte Chico que hacia el Sur del país, pero que igual esta zona registraba descensos significativos en períodos históricos.

Harry King concluía que la tendencia de las temperaturas era a aumentar con el paso de los años y que este aumento era mayor en el Norte que en el Sur, pero en ambas regiones del país se apreciaba.

2.3. Definición de Sequía

Circula y se mantiene una definición puramente hidrológica de sequía que no ha sido modificada porque nadie se lo ha propuesto y creo que es parte del origen del problema. Si un problema tiene como base una mala definición, más difícil será solucionarlo.

Dos años con igual escasez de precipitaciones, pero distanciados por décadas, no producen sequías comparables en cuanto a sus efectos sobre la vida del país.

La sequía del 68 no es igual a la sequía del 96, aunque difieren poco en la cantidad de precipitaciones, porque Chile no es el mismo debido al hecho evidente que la demanda de agua es ahora mucho mayor. La población ha aumentado, la superficie cultivada lo mismo, etc. Por t

Fuente: Raúl Campillo Urbano, HidroGeólogo Senior

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