Humedales La Desertificacion en America Latina y el Caribe

29/08/2003
La Región de América Latina y el Caribe tiene una extensión territorial de 20.18 millones de Km2, en donde el 5.27 millones son por tierras secas, de las cuales el 70 % presentan vulnerabilidad y grados avanzados de desertificación. En general, en América Latina y el Caribe existe una deficiente integración entre las actividades agrícolas, pastizales temporales y bosques, lo cual favorece el avance de la degradación física y biológica de los ecosistemas, por no contar con una planeación integral. La población rural en muchos países de la región es mayor del 60%, lo cual indica que dependen principalmente de las actividades pecuarias y forestales y que, en aquellos casos que no hay planeación adecuada de los diversos usos del suelo, se tiene el peligro del avance de la desertificación. Aunque la mayoría de los países de la región, formada por 27 países, no tiene zonas secas en cantidad significativa, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Perú enfrentan severos problemas de sequía y amplias superficies secas, a la vez todos los países tienen serios problemas de degradación de tierras que afectan a una población generalmente en condiciones de pobreza y marginalidad inaceptable. El deterioro de los recursos naturales con los que cuentan las zonas áridas de América Latina ha agravado las condiciones de pobreza rural, ya que la disminución y en ocasiones el agotamiento del potencial productivo de los ecosistemas, impiden o limitan el incremento de los productores. Casi las tres cuartas partes de las tierras secas de América Latina se hallan moderada o gravemente desertificadas. Se menciona la frecuente aplicación en las zonas afectadas, de modelos de desarrollo no sostenibles y se señalan la fuerte reducción de la productividad, el empobrecimiento y otras gravísimas consecuencias sociales de esas prácticas de desarrollo. Los programas de desarrollo rural no acordes a las condiciones ambientales y sociales, que prevalecen en las zonas áridas de nuestra región han tendido por una parte a marginar las comunidades en la elaboración, instrumentación y evaluación de programas; y por la otra han impulsado formas de producción que, en algunos casos, involucran tecnologías inadecuadas para el aprovechamiento racional de los recursos naturales, alentando el uso indiscriminado de agroquímicos en la agricultura, el aprovechamiento desmedido de la vegetación natural a través de la ganadería de tipo extensivo y la explotación irracional de los recursos forestales, así como un inadecuado uso y mal manejo del agua. Todo ello ha propiciado la generación de efectos nocivos, en ocasiones irreversibles, como la contaminación del suelo y el agua, erosión, el sobre pastoreo, la deforestación y en general la desertificación, que afectan en diversos grados una considerable porción del territorio de América Latina y el Caribe. Lo alarmante es que la desertificación se retroalimenta de forma voraz y sus consecuencias son extremadamente graves, principalmente para las poblaciones rurales pobres que, al verse afectadas en su calidad de vida, reaccionan intentando satisfacer sus necesidades e intensifican la ya excesiva explotación de los recursos naturales, desertificando aún más el ecosistema y provocan, en muchas ocasiones, que la gente migre a otras regiones; de tal forma que la ruptura del equilibrio natural del ecosistema desencadena una ruptura social: la de la comunidad e incluso la del núcleo familiar. Es en este sentido que se tiene que entender que la lucha contra la desertificación y la lucha contra la pobreza son dos variantes de un mismo objetivo, que busca el manejo Sostenible de los recursos naturales con el fin de promover el desarrollo rural y, con ello, mejorar las condiciones de vida de los habitantes de América latina y el Caribe Por último, podemos decir que el avance de la desertificación es un desafío internacional, en el que deben comprometerse e involucrarse organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, así como también las instituciones competentes en el tema de cada uno de los países en cuestión, pues se ha demostrado que la prevención es más eficaz y menos costosa que la rehabilitación de las tierras afectadas por la desertificación. Fecha de Publicación Aguamarket: Viernes 29 de Agosto 2003
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