Sistemas de Agua Dulce

24/08/2005

Los ecosistemas de agua dulce en ríos, lagos y humedales contienen sólo una ínfima fracción la centésima parte del 1% del agua de la Tierra y ocupan menos de un 1% de la superficie terrestre (Watson et al. 1996:319; McAllister et al.1887:18).

Aun así, estos sistemas vitales prestan servicios de enorme valor, que según algunas estimaciones ascienden a varios billones de dólares (Postel y Carpenter 1997:210).

Los servicios más importantes tienen que ver con el suministro de agua: suficiente abastecimiento para el consumo doméstico y las actividades agropecuarias, mantenimiento de la calidad del agua, y reposición de los acuíferos que alimentan las aguas subterráneas. Pero los ecosistemas de agua dulce proporcionan muchos otros bienes y servicios cruciales: hábitats para los peces (con fines alimenticios y de ocio), mitigación de inundaciones, mantenimiento de la biodiversidad, asimilación y dilución de desperdicios, oportunidades de entretenimiento y rutas de transporte. Ayudados por represas, estos sistemas también producen energía hidroeléctrica, una de las fuentes renovables más importantes del mundo. Antes del siglo XX, la demanda mundial de estos bienes y servicios era pequeña en comparación con lo que los sistemas de agua dulce podían proveer. Pero con el crecimiento poblacional, la industrialización y la expansión de la agricultura de regadío, la demanda de esos servicios ha aumentado de forma drástica agotando la capacidad de los ecosistemas de agua dulce. Los responsables de la formulación de políticas son cada vez más conscientes de la creciente escasez de agua, aunque tal escasez es sólo apenas una de las presiones a las que estos ecosistemas se enfrentan hoy en día.

Extensión y modificación Los sistemas de agua dulce han sido alterados desde los albores mismos de la historia; sin embargo, el ritmo de esos cambios se aceleró notablemente a principios del siglo XX. Los ríos y lagos han sido modificados por vías fluviales que los alteran, por la desecación de humedales, la construcción de represas y canales de riego, y el establecimiento de conexiones entre las cuencas mediante estructuras como canales y acueductos para transferir agua.

Aunque estos cambios han mejorado la producción en las fincas, el control de las crecidas y el suministro de energía hidroeléctrica, también han alterado radicalmente el ciclo hidrológico natural de la mayoría de las cuencas hidrográficas del mundo (Cuadro 2.24. Inventario de los ecosistemas de agua dulce).

Ríos La modificación de los ríos ha alterado radicalmente su caudal, sus crecidas y la manera en que éstos influyen en el paisaje. En muchas ocasiones, los ríos quedan desconectados de las planicies de inundación y humedales. Las represas estructuras éstas, que han tenido el impacto más significativo en los sistemas de agua dulce, han reducido la velocidad del agua en los sistemas fluviales, y han convertido a muchos de ellos en cadenas de embalses conectados.

En consecuencia, esta fragmentación ha modificado los patrones de transporte de sedimentos y nutrientes, afectado a los patrones migratorios de algunas especies de peces, alterado la composición de los hábitat de ribera, creado senderos de desplazamiento para especies exóticas y contribuido a propiciar cambios en los ecosistemas costeros.

Represamiento de ríos La cantidad de represas grandes (de más de 15 m de altura) ha aumentado casi siete veces desde 1950, de cerca de 5.750 a más de 41.000 (ICOLD 1998: 7-13), confinando el 14% de la escorrentía anual del mundo (L’vovich y White 1990:239).

Aunque el ritmo de construcción ha disminuido bastante en los países desarrollados, en las naciones en vías de desarrollo, particularmente en Asia, la demanda y el potencial no utilizado son muy elevados. Hasta 1998 se estaban construyendo 349 represas de más de 60 metros de altura en varias partes del mundo (IHHD 1998: 12-14).

Los lugares donde esta actividad es más intensa son Turquía, China, Japón, Iraq, Irán, Grecia, Rumania, España y la cuenca del río Paraná en América del Sur.

Las cuencas hidrográficas donde se están construyendo las represas más grandes son las del Yangtsé en China (38), la del Tigris y el Éufrates (19), y la del Danubio (11).

Los investigadores del APEM evaluaron la mayoría de los ríos más grandes del mundo (aquéllos con una descarga anual de por lo menos 350 m3/segundo) para cuantificar hasta qué punto las represas y canales han fragmentado las cuencas hidrográficas, y para determinar la manera en que los aprovechamientos de agua han alterado sus caudales. El APEM muestra que de las 227 cuencas hidrográficas estudiadas, el 37% está muy afectado por la fragmentación y la alteración de los caudales, el 23% moderadamente afectado, mientras que el 40% no lo está (Dynesius y Nilsson 1994: 753-762; Revenga et al. [PAGE] 2000) (Cuadro 2.25. Fragmentación y regulación del caudal).

Entre los sistemas «muy afectados» figuran aquéllos donde menos de un cuarto de su cauce principal está libre de represas, así como aquellos ríos cuya descarga anual ha disminuido sustancialmente. Los «ríos no afectados» son aquéllos que no tienen ninguna represa en su cauce principal y que, en caso de que sus afluentes hayan sido represados, la descarga ha sido almacenada en embalses o no ha disminuido en más de un 2%.

En total, los sistemas muy o moderadamente afectados representan cerca del 90% del volumen total del agua que fluye a través de los ríos analizados.

Los únicos ríos grandes que todavía fluyen libremente se encuentran en las regiones de tundra de América del Norte y Rusia, y en cuencas más pequeñas de África y América Latina.

Caudales más lentos Es evidente que los desvíos y las extracciones de agua han afectado profundamente los caudales de los ríos en todo el mundo.

En casi todos los continentes, el caudal natural de uno o más de los ríos principales ha disminuido hasta tal punto que no logran llegar al mar durante la estación seca; el río Colorado, el Huang He (Amarillo), el Ganges, el Nilo, el Syr Darya y el Amu Darya se secan del todo en sus bocas durante esa estación (Postel 1995:10). El Amu Darya y el Syr Darya descargaban 55.000 millones de m3 de agua anualmente en el mar Aral antes de 1960, pero los desvíos para riego redujeron ese volumen a un promedio anual de 7.000 millones de m3, esto es, el 6% del caudal anual anterior, entre 1981 y 1990 (Postel 1995:14-15).

Al desacelerar el movimiento del agua, las represas también interrumpen el transporte normal de grandes cantidades de sedimentos aguas abajo hacia los deltas, estuarios, bosques inundados, humedales y mares interiores. Esto puede privar a esas áreas de los sedimentos y nutrientes de los cuales dependen, lo que afectaría a su productividad y a la composición de las especies.

La retención de sedimentos también interfiere con la operación de las represas y acorta su vida útil. En Estados Unidos anualmente se pierden cerca de 2 km3 de la capacidad de almacenaje de los embalses por retención de sedimentos, con un costo anual de US$818 millones (Vörösmarty et al. 1997:217). Esa retención también elimina o reduce la escorrentía de primavera (o pulsos de inundación), que por lo general cumple un papel crítico en el mantenimiento de comunidades ribereñas y humedales aguas abajo (Abramovitz 1996:11).

La retención de agua y sedimentos también afecta la calidad de aquélla y la capacidad que tienen los ríos par

Fuente: Sustentabilidad y Medio Ambiente, Universidad de Santiago de Chile

Presencia de Aguamarket en Países como:

Chile Argentina Bolivia Colombia Costa Rica Cuba Ecuador El Salvador España Guatemala Honduras Mexico Nicaragua Panama Paraguay Perú Puerto Rico Republica Dominicana Uruguay Venezuela Brasil Estados Unidos Canada Andorra Belice