Mineria Y Agro

02/08/2010

Mineria Y Agro: Una Veta compleja

La agricultura nortina enfrenta la presión de la gran minería por el agua. Las opciones van desde la colaboración hasta la prohibición de nuevos proyectos extractivos.  

Eduardo Moraga Vásquez  

Ya van siete años. Ni una gota de agua en ese tiempo. Parece una historia sacada del Antiguo Testamento. Sin embargo, ocurre ahora, en Chile, en el valle de Copiapó.

Son más de tres mil hectáreas de olivos y parronales de uva de mesa, ubicadas entre la ciudad que da nombre al valle y la desembocadura en el mar, que sobreviven a punta de agua subterránea. Por generaciones, esas napas se rellenaban por algunas esporádicas lloviznas, cosa que no ocurre desde 2003, y por el flujo superficial y bajo tierra que venían de la cordillera. Sin embargo, esas aguas ya no llegan. A la creciente demanda de los agricultores aguas arriba, en el último par de décadas se sumó un sediento y cada vez más demandante actor: la gran minería.

Grosso modo, por cada 40 litros que usa la agricultura desde Copiapó a la cordillera, la minería ya ocupa 15 y 8 la población.

Si la situación hoy es gris, el futuro luce oscuro. Nuevos proyectos mineros podrían elevar en un tercio la demanda minera por agua en los años próximos.

"El desarrollo agrícola de todo Copiapó está en peligro. El Estado tiene que hacerse cargo del problema", afirma Carlos Araya, administrador de la Comunidad de Aguas Subterráneas de Copiapó, Tierra Colorada y Desembocadura.

Si bien la agricultura y la minería han convivido -con mejor o peor relación- en toda la historia de Chile, especialmente en el Norte Chico, también es cierto que en los últimos años las áreas de conflicto se han multiplicado. Ambos actores se pegaron un estirón. La agricultura de subsistencia de hace medio siglo fue reemplazada por la tecnologizada y masiva producción de uva de mesa, cítricos y olivos enfocados en la exportación.

Paralelamente, la minería vive un momento de auge histórico. A la liberalización del ingreso de empresas extranjeras en los 80 se sumó la estabilidad de política lograda por Chile con el retorno de la democracia en los 90 y el actual auge de los precios de los metales gracias al crecimiento de China. Con recursos económicos que los agricultores no pueden ni soñar, sólo en los proyectos mineros en estudio hay inversiones potenciales por US$ 50 mil millones, que han puesto presión extra al uso del agua, la mano de obra y el medio ambiente en el norte del país.

El problema para los agricultores nortinos es que la forma en que en Chile se regula la convivencia entre agricultura y minería está en pañales.

Si bien hay avances, como la obligación de presentar estudios de impactos ambientales, también hay problemas importantes, como por ejemplo, la fuerte asimetría en recursos financieros y profesionales de las asociaciones de agricultores o canalistas, que les dificulta confrontar las investigaciones que presentan las empresas mineras.

El arco de opciones que se barajan en la actualidad para las relaciones entre agro y minería es amplio. Desde quienes piensan que, de frentón, se debe prohibir las inversiones mineras en ciertas áreas, hasta quienes argumentan que los agricultores pueden establecer beneficiosas alianzas con los mineros. La carta que elija el país marcará el destino de toda la agricultura nortina.

Intenso lobby

Que las relaciones entre agro y minería es una de las áreas candentes en la actualidad queda claro al hablar con los líderes ambientalistas.

"La minería no sólo usa muchos recursos, como el agua, sino que es altamente contaminante. Genera riqueza por unos años, pero luego cierra, alteran las fuentes de agua y dejan recuerdos como los relaves. En cambio, la agricultura, aunque también contamina, pero en mucho menor escala, genera trabajo y sostiene comunidades rurales por generaciones", explica Luis Cuenca, director del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales.

Cuenca enumera los problemas de agua de los oasis de Pica y Matilla, la contaminación del río Loa y la desaparición del río Salado como pruebas en favor de su posición.

En el fondo, para los ambientalistas, el agro sólo pierde con la presencia de la minería.

Sin embargo, la mirada entre los dirigentes agrícolas es distinta. "Queremos alejarnos de la idea del 'versus'. Con la minería podemos tener una relación mutuamente beneficiosa y aprovechar las sinergias", argumenta Juan Pablo Matte, secretario general de la Sociedad Nacional de Agricultura.

La lectura que hacen los líderes sectoriales es que, en el último par de años, las mineras dieron un giro en su relación con el agro. La razón es una mezcla de mayores exigencias ambientales en Chile y la fuerte oposición de ONG ambientalistas internacionales. En términos simples, la mesa de negociaciones se emparejó.

Fuente:El Mercurio

Fuente: El Mercurio

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