Cambios biologicos y sociales en las cienagas del Alto Lerna

12/04/2004

Hacia el término de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento de la Ciudad de México había sido tal que fue necesario llevar agua de las fuentes del río Lerma hacia el Valle de México. Este hecho fue el inicio de una serie de cambios sociales, culturales y ambientales que se dieron a consecuencia de la extracción del agua del Alto Lerma.

Mucha gente de Toluca y sus alrededores debe recordar cómo todavía a finales de los años sesenta, en los primeros kilómetros del largo recorrido del río Lerma hacia el lago de Chapala, existían numerosas ciénagas y cuerpos de agua perennes y estacionales, que en la época de lluvias cubrían enormes extensiones a lo largo del río.

Las ciénagas daban refugio a una gran diversidad de vida silvestre a la cual los moradores de la región habían ligado su modo de vida. Muchos de ellos eran pescadores, que con sus redes sacaban cantidades considerables de charales y acociles, y cazaban a las muy abundantes aves acuáticas. Parte importante de su dieta la constituían las abundantes plantas acuáticas como los berros y las papas de agua, que junto con otras plantas de las ciénagas también proveían alimento para el ganado. Una de ellas en particular, el tule, tenía una arraigada tradición cultural ya que por generaciones constituyó una importante materia prima para la confección de cestas, petates y muchos otros productos de uso doméstico. Las trajineras eran un medio de transporte esencial para la caza, la pesca y la agricultura y mediante ellas se comunicaban algunas poblaciones.

Tras la perforación de pozos profundos para llevarse el agua a la Ciudad de México, y por la creciente demanda de agua del Valle de Toluca, el manto acuífero descendió, secando los manantiales que alimentaban las ciénagas nacimiento del Río Lerma. Posteriormente se construyeron casas y vías de comunicación sobre lo que hasta hace no mucho tiempo había estado cubierto por agua. Las ciénagas también se desecaron para abrir nuevas tierras a la agricultura, reduciendo aún más su extensión. Actualmente sólo queda parte de lo que fueran las ciénagas de Chignahuapan o Almoloya, de Chimaliapan o Lerma, y Chiconahuapan o San Bartolo, sin embargo, cuando las lluvias son intensas, como el año pasado, la naturaleza nos recuerda que esos terrenos pertenecían a los humedales.

La reducción y pérdida de los humedales causó la extinción del zanate del Lerma (Quiscalus palustris), una ave endémica a las ciénagas del Alto Lerma, y ha puesto en peligro a tres especies de peces; un charal (Chirostoma riojai) y dos alganseas (Algansea barbata y A. tincella), tres ajolotes (Ambystoma lermaensis, A. granulossum, y A. mexicanum) y a la rana criolla (Hyla eximia), también endémicas de estas aguas. Además de reducirse la riqueza biológica, también cambió el modo de vida de los pobladores de la región; Almoloya del Río se convirtió en una población de artesanos, San Mateo Atenco en una de zapateros y San Pedro Tultepec en una de carpinteros. De éstas y otras poblaciones, se dirigieron los campesinos y pescadores para ingresar como obreros al creciente corredor industrial Toluca-Lerma, dejando atrás su antiguo modo de vida. Al no tener ciénagas, las tradiciones se han ido perdiendo; pocas son las personas mayores que saben cómo fabricar las trajineras o trabajar el tule. Al perderse la relación de los habitantes con los cuerpos de agua, se ha perdido también el respeto que les tenían, y ahora arrojan basura y demás desechos domésticos al agua; algunos municipios incluso levantan los bordos y nivelan caminos con basura, lo que lleva una gran diversidad de contaminantes a las ciénagas. Peor aún, la industria peletera que se desarrolló en San Mateo Atenco, conjuntamente con la dotación de drenajes a las comunidades del área, ha ocasionado que los desechos no tratados vayan a parar al río, que al desbordarse inunda las ciénegas remanentes con aguas fuertemente contaminadas. Esto a su vez puede estar teniendo consecuencias importantes para la salud humana, ya que en el mercado de San Mateo Atenco, y probablemente también en otros mercados del área, aún se comercia con pescado y acociles sacados de estas ciénagas. Algo similar puede estar pasando con la leche, pues las vacas de los habitantes vecinos a las ciénagas pastan y beben en estas aguas contaminadas. La importancia de los humedales del Alto Lerma está ampliamente reconocida en México, debido a que es un sitio notable de invernación para las aves acuáticas migratorias que vienen de Canadá y Estados Unidos escapando del frío; es considerado como Área Importante para la Conservación de las Aves, y como Región Hidrológica Prioritaria por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. Por lo anterior y por el propio interés que recientemente ha surgido en la entidad por la protección del agua como recurso, el año pasado las ciénagas del Lerma se decretaron como Área de Protección de Flora y Fauna. Es triste ver que mientras muchas ciudades del mundo han crecido haciendo de los ríos una parte central de las mismas, a lo largo y ancho de México los ríos han sido utilizados como drenaje y basureros. Es necesario rescatar el valor de nuestros cuerpos de agua, sanearlos y aprovecharlos. Con el esfuerzo y participación de la sociedad, y en particular de las industrias que contribuyen a la contaminación del río o las que se benefician de sus aguas, es posible hacer del Río Lerma y de sus ciénagas un sitio de paseo dominical, donde se pueda practicar el remo y el canotaje, donde la gente pueda desarrollar la pasión por la observación de las aves, y los deportistas puedan trotar por las mañanas en un ambiente sereno y limpio. El Alto Lerma y sus cuerpos de agua deben ser una de las joyas del Valle de Toluca, fuente de ingreso económico para sus habitantes y de bienestar para todos.

Fuente: www.aguaydesarrollosustentable.com

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