La guerra del agua

06/06/2011

Si la guerra del siglo pasado fue la del petróleo, la del próximo será la del agua potable.

Esta sentencia, Sanjeev la escuchó por primera vez en Sudáfrica. Era el año 2002. La escuchó mientras hacía un documental sobre la diáspora india en Ciudad del Cabo, y desde ese momento la frase, esa frase, no salió más de su cabeza.

Y decidió embarcarse en One Water (www.onewater.org/movie), un documental que produjo y en él participaron otros profesores de su universidad, la de Miami, para mostrar cómo el acceso al agua limpia y potable, ese asunto que uno resuelve girando una llave, es un problema de vida o muerte en algunas zonas del mundo. Un documental que se grabó durante cinco años en catorce países del mundo, mostrando realidades tan distintas como las de China, México y la India, donde la relación de la población con el agua era muy distinta.

 Mientras en algunos países abunda, en otros escasea.

Sanjeev, a fin de cuentas, intenta que esa frase profética que escuchó no se convierta en realidad alguna vez.

"Pensé en los viajes que había hecho, donde había tenido la experiencia de ver cómo era la interacción humana con el agua y cómo la vida cambiaba en cada una de estas experiencias. Entonces pensé que estas experiencias podían mostrarse. Tenía muchas escenas en mente, pero no sabía cómo mostrarlas", dice ahora, al teléfono, desde su oficina en Miami, donde es director ejecutivo de Knight Center for International Media ,un centro que se ha propuesto mostrar a través de experiencias humanas los desafíos globales.

Desde aquí, Sanjeev hace giras por todo el mundo, dando conferencias sobre la misión que los medios audiovisuales pueden cumplir al tratar problemas mundiales.

"Los medios visuales pueden jugar un rol muy significante en introducir a la gente al 'behind the scenes' de lo que está pasando", dice.

Para eso, cuenta, es imprescindible romper las barreras, promover un lenguaje audiovisual universal (sin limitantes de idioma) y, en su caso, estar atento a las pequeñas historias de cada lugar por el que pasa: "historias de individuos que den luz sobre contextos y desafíos que encaramos como sociedad".

En ese sentido, explica, antes de filmar, prefiere recorrer bien los lugares para conocer a la gente, conversar y contarle de qué se trata lo que está haciendo. "A la gente le gusta contar sus historias, pero también quiere saber quién la contará", dice. Una enseñanza que tiene mucho que ver con su propia historia.

Sanjeev nació en Patna, Bihar, una ciudad en el noreste de la India, a orillas del río Ganges. Hijo de ingeniero y dueña de casa, reconoce haber tenido una infancia muy protegida. "Me hice independiente recién cuando me trasladé a Delhi y conocí una India muy distinta a la que había tenido frente a mis ojos durante mi infancia -dice-. Era la India de las desigualdades, la pobreza y la del sufrimiento humano".

Esa fue la primera señal de lo que vendría.

Sanjeev en ese momento dio un vuelco a sus planes -hasta ese momento había planeado buscar un espacio, algo de fama en Bollywood, la industria del cine comercial indio- y decidió trabajar desde la no ficción. "Los documentales parecían ser una mejor opción para abordar estos temas urgentes de manera más directa", dice.

Estaba en ese plan cuando llegó a Nueva York, para hacer un posgrado en el Brooklyn College. Era 1987, y en ese país, tan lejos de su tierra, Sanjeev encontró, nuevamente, una India diferente: la de la diáspora, los indios inmigrantes y sus hijos, que compartían el apego por la misma tierra.

"Mi imagen de ser indio era la que yo había visto cuando crecí en la India y ellos tenían cierta percepción de ser indio muy distinta", dice y recuerda a comunidades que eran capaces de cantar en un perfecto hindi, sin necesariamente entender una palabra de lo que decían.

Fueron sus comienzos como documentalista en Estados Unidos: quería registrar cómo su país se recreaba en otros lugares y las dualidades que esto producía. El resultado fue Bittersweet (1995), que trata sobre los indios asiáticos viviendo en Estados Unidos, o Pure Chutney (1998), sobre la diáspora india en Trinidad.

En 2000, Sanjeev fue invitado a realizar una serie de documentales sobre ambiente y cultura para National Geographic, y dirigió From the Shadow of History, donde mostraba los esfuerzos por mantener la paz durante el conflicto en la ex Yugoslavia. Luego se sumergió en el mundo de las fotoperiodistas en una serie de documentales llamada Through Her Eyes (2006), y hasta ha hecho documentales para web como la serie Havana-Miami, que muestra la vida de jóvenes que viven en ambas ciudades (y que puede verse en www.havana-miami.tv)

La crisis del agua

El desafío que se planteó Sanjeev con One Water era éste: hacer reflexionar sobre la falta del agua potable en varios sitios del planeta utilizando un lenguaje que fuera común a todas las naciones, superando la barrera del idioma.

Su apuesta fue la siguiente: escribió y co-dirigió con el también documentalista Ali Habashi un filme tan escaso en palabras como abundante en imágenes y música, y con apariciones de emblemáticos líderes mundiales como el Dalai Lama u óscar Olivera Foronda, un dirigente obrero boliviano que encabezó "la guerra del agua" en Cochabamba: una serie de protestas de la población contra la privatización del abastecimiento del agua municipal en Cochabamba, en 2000.

Ahora, One Water está continuamente siendo exhibido en distintas partes del mundo (en la web www.onewater.org/movie/screenings puede seguir la ruta de presentaciones), llegó a formar parte de la exhibición oficial en prestigiosos ciclos de cine como el Miami International Film Festival, ha sido proyectado en conferencias de Naciones Unidas y ha recibido destacados premios en el mundo entero.

"Sentí que podía capturar distintas experiencias humanas y mostrar la cambiante relación que tenían con el agua.

La idea era compartir estas experiencias con imágenes convincentes", dice Sanjeev.

Así, el documental se detiene en distintas locaciones, para contar historias íntimas que remecen. Como la de una madre y su hija que debían recorrer cinco horas diarias por el desierto de Rajasthan, noroeste de India, para llenar dos jarrones con agua, de dudosa calidad, para sobrevivir.

"Es importante, particularmente, que los jóvenes de países desarrollados, que a veces ni siquiera saben que son parte del problema, lo conozcan", dice Sanjeev acerca de su trabajo, y agrega: "Además, les muestras a las personas su propia vida de una manera que ellos nunca la han visto: si tú estás consumiendo diariamente agua contaminada, eso se vuelve una realidad aceptable para ti porque piensas, 'bueno, quizáésta es la única realidad que existe', y cuando la tienes frente a ti y ves el contexto global, cómo son las cosas en otros lugares, ves que no es la única realidad".

El director indio dice que hay varios ejemplos de innovación tecnológica que podrían resolver muchos de los problemas de las aguas contaminadas y ayudar a mejorar el acceso a la potable para un gran número de personas. "Por supuesto, en países como los del norte de Europa la gente se enorgullece al decir que la calidad de sus aguas es perfectamente potable. Pero ésta no es la realidad a la que la mayoría de las personas en el mundo se enfrentan".

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Fuente: El Mercurio

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