Compromiso medioambiental: Hacia una politica de desarrollo sustentable

28/12/2012
La gestión ambiental en Chile, desde la publicación de la Ley General de Bases del Medio Ambiente en 1992, se había concentrado en crear conciencia sobre la importancia de conservar la naturaleza y en instalar la institucionalidad ambiental a lo largo del país. En ese mismo sentido, la Política Ambiental formulada en 1998, realizaba un esfuerzo de diseño y coordinación, mostrando avances y realizaciones muy destacables para la época.  Tanto la ley como la política del 98 partían del principio de que estos esfuerzos debían ser permanentes y colectivamente perfeccionables.

En ese contexto de continuo perfeccionamiento, se hace imperioso plantearse la pregunta de si la política ambiental de ese entonces está acorde -no sólo en sus fundamentos, sino también por la realidad que interpreta-, con los cambios de la sociedad chilena y mundial de los últimos quince años.

La política ambiental actual ha abandonado algunos de los supuestos escritos en el documento del 98 y se ha construido en base a tres grandes líneas de actuación de la institucionalidad: los acuerdos del Consejo de Ministros; las resoluciones de calificación ambiental; las normas de emisión y de calidad ambiental.

Pero es necesario preguntarse si debemos seguir por el camino de resolver según la contingencia -en el caso preciso de las resoluciones de calificación ambiental, revisando proyecto por proyecto- o debemos construir una normativa sólida para solucionar nuestros problemas de contaminación; o bien,  debiésemos encuadrar la acción pública en materia ambiental en un contexto general acorde con los tiempos que vivimos; los de una sociedad integrada al mundo global con crecientes necesidades de satisfacción completa.


El contexto

Chile en el año 98 tenía un ingreso per cápita corregido cercano a los U$ 9.000. Hoy día alcanza a casi U$ 20.000. Los temas ambientales se trataban desde una entidad coordinadora que recién estaba instalando la gestión ambiental en el Estado, la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama). El sistema de evaluación de impacto ambiental llevaba un año en funcionamiento, desde que se publicara el reglamento de Evaluación de Impacto Ambiental.

Se iniciaba el cuarto proceso normativo que llenaría el enorme vacío regulatorio en materias de agua y aire que existía en Chile en esos años. Internet y las redes sociales no existían. Así, las preocupaciones de los chilenos en materia ambiental estaban concentradas en la ciudad de Santiago y sus problemas de calidad del aire; el tratamiento de las aguas servidas y la gestión de los residuos sólidos.

Estas necesidades se anunciaban a la sociedad a través de los medios de comunicación en formatos conocidos y predecibles. Entrevistas, columnas de opinión y programas de televisión y radio. La respuesta de la ciudadanía se hacía por las mismas vías y en tiempos que permitían capacidades de respuesta de los organismos públicos.

Hoy, a un poco más de dos años de la instalación del Ministerio del Medio Ambiente, en un Chile que cambió en términos de ingreso per cápita y conciencia ambiental, con necesidades distintas y más sofisticadas, necesitamos una política ambiental nueva, que se haga cargo de esos desafíos. Hoy nos preocupa la biodiversidad y el reciclaje; los problemas de contaminación de las ciudades del sur de Chile, por la quema de leña en los hogares; los pasivos ambientales que ha dejado el desarrollo; los proyectos de inversión que afectan a las comunidades y la participación de las comunidades indígenas en la toma de las decisiones que las afectan.


La propuesta

Pero más allá de tener una política ambiental nueva, necesitamos una mirada distinta para emprender el desarrollo. Una visión que concilie las necesidades de las regiones por un mayor crecimiento y por más calidad ambiental. Una visión que se haga cargo de la realidad productiva de Chile, que hoy basa su crecimiento en los recursos naturales, en su agua y en sus bellezas escénicas (el 3% del PIB de Chile hoy proviene del turismo).

Una mirada que permita integrar al mar de Chile, sus islas y sus recursos al crecimiento sustentable, sacándolo de la mera extracción; una visión que permita a los jóvenes sentirse parte de un esfuerzo colectivo de desarrollo sustentable desde la educación primaria. Una mirada que se eleve por sobre la contingencia y que ponga el acento en el Chile que queremos en el año 2030. En fin, transformar la mirada ambiental de Chile en un factor de acuerdo y en una razón para trabajar juntos.

Por eso se hace imprescindible una reflexión que debiera incluir no sólo los temas emergentes como la biodiversidad y la valorización de los residuos, sino también instalar la discusión de una política de desarrollo sustentable, que se haga cargo de las dimensiones sociales y económicas del desarrollo relacionadas no sólo con el medio ambiente, sino con la calidad de vida de los chilenos. Ello, tomando en cuenta las necesidades de participación de la sociedad, sus formas de expresión y comunicación y considerando la integración de la población indígena en el desarrollo.
Fuente: http://www.edicionesespeciales.elmercurio.com/destacadas/detalle/index.asp?idnoticia=201212271176306&idcuerpo=1113

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