Los berlineses no tienen costa pero van a la playa

02/08/2010
Ola de calor en Europa:
Los berlineses no tienen costa, pero van a la playa

Entre arena y palmeras, en sitios eriazos en medio de la metrópolis, los capitalinos aprovechan el verano hasta la última gota.  

MÓNICA CUEVAS URÍZAR 

BERLÍN.- Según los cálculos hechos hasta la semana pasada, el 2010 había tenido el mes de julio más caluroso del que haya registro en Berlín en los últimos 100 años. La temperatura promedio fue 6,3 grados más alta que lo habitual, y no fueron pocos los días en los que el termómetro superó los 37 grados.

Un motivo más para que los berlineses se volcaran a los strandbars (bares de playa), la tendencia de moda entre los amigos del sol y el relajo, que no son pocos en esta capital europea. Se trata de espacios públicos, muchos de ellos sitios eriazos en lo que era Berlín Oriental, donde durante los meses cálidos se levantan verdaderas playas artificiales, con arena, reposeras y hasta palmeras, aprovechando en lo posible la ribera del río Spree.

Locales y turistas llegan allí para sacarse los zapatos y pasar horas felices, hambrientos de aires veraniegos. "La temporada de calor es muy breve aquí; tratamos de aprovechar el sol al máximo y de disfrutar al aire libre mientras se pueda", explica la periodista Julia Dombrowsky, mientras revuelve su capuccino reclinada en una reposera en el Strandbar Mitte, el primero en su especie, que abrió en 2002 frente a la Isla de los Museos, en pleno corazón de Berlín.

Desde entonces, más de 30 strandbars han surgido en distintos barrios de la ciudad. El último, "Playground 2010", se inauguró este año muy cerca de la estación central de trenes. En sus 12 mil metros cuadrados de superficie -cubiertos con mil metros cúbicos de arena- hay stands con especialidades alemanas, rusas y africanas, juegos infantiles, taca-tacas y mesas de ping-pong, cientos de reposeras y siete redes para jugar volleyball de playa.

Hasta allí llegan durante el fin de semana entre 500 y 700 personas: familias con niños -baldes y palas en mano-, personas mayores con un buen libro bajo el brazo y grupos de amigos y amigas en shorts, y hasta en bikinis.

No se paga por entrar, ni por las reposeras, ni por las mesas de ping-pong -se deja una caución mientras se usan las paletas-. Sólo se cobra el arriendo de las redes de volleyball, y lo que se consuma: cervezas (3 euros), Cuba Libre (4,50 euros), caipiriñas, piñas coladas o Mai Tais (6 a 7 euros), o lo que se les antoje a los sedientos veraneantes.

"Los berlineses viven con nostalgia de las vacaciones; lo que les ofrecemos aquí es precisamente un espacio para sentirse de vacaciones en el medio de la ciudad", dice Andreas Bade, gerente de "Playground 2010", quien, faltando aún casi dos meses para que termine el verano, ya saca cuentas más que alegres, y ruega por que el sitio eriazo no se venda para la construcción y continúe disponible el próximo año, en abril o mayo, apenas empiece a desperezarse el Astro Rey.

Lo mismo espera Andreas Rübbel, administrador de "Traumstrand Berlin" ("La playa soñada de Berlín"), que él define como "un pedazo de Caribe junto a la estación central". La playa abrió en 2009 y recibió 100 mil visitantes en su primera temporada. "Este año calculamos que van a ser unos 200 mil, porque durante el Mundial de Fútbol instalamos una pantalla de 50 metros cuadrados, y se llenaba", agrega.

 Perfil propio

Cada strandbar tiene su encanto especial y su grupo objetivo. Mientras "Playground 2010" está más orientado a familias, amigos del frisbee y del vóleibol, en "Yaam", en el barrio de Friedrichshain, se reúne la comunidad reggae, y en el Bar 25 -en el mismo sector- se juntan los amantes de la música electrónica en una fiesta que puede durar el fin de semana completo.

"Strandbar Mitte" tiene un pequeño teatro con graderías al aire libre, donde se ofrecen obras cuando empieza a caer el sol, mientras que en "Traumstrand Berlin" abundan los treintones con inclinaciones salseras. Y en la "Bundesspressestrand" hay más de 150 eventos durante el verano, y allí se dejan ver algunos prominentes del mundo político, así como próceres de la prensa.

Para los visitantes de "Deck 5", arena y sol son suficientes; ni siquiera les hace falta el río: este strandbar se instaló sobre el techo de un edificio de estacionamientos en el barrio de Prenzlauer Berg, y es la playa con la mejor vista sobre la ciudad.

Fuente:El Mercurio

Fuente: El Mercurio
       
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