Hacia un mercado transparente del agua II parte

25/10/2010

Uno de los experimentos de Cristi fue reunir a un grupo de regantes del Valle del Limarí para exponerlos a un remate ficticio de agua. La idea era que escribieran en un papel y en secreto cuánto estaban dispuestos a pagar por un determinado volumen de agua. Y aunque muchos de los agricultores eran vecinos, las diferencias fueron absurdas. En un mercado informado esto no ocurriría, porque habría valores de equilibrio.

Pablo Jaeger, ex abogado de la DGA y gestor de las modificaciones al Código de Aguas del 2005, recalca: "No hay ninguna legislación sobre aguas que sea tan liberal como la chilena. En ninguna parte del mundo el Estado se desentiende después de otorgar derechos de aprovechamiento, dejando vía libre al contrato entre privados. Esta es una tradición histórica chilena. Y, honestamente, ha funcionado. Tenemos muchos menos problemas en materias de agua que otros países. El problema es que no hay más agua, pero el responsable de eso es el crecimiento del país".

Es decir, la distribución ha operado históricamente en Chile. El problema sobreviene con el desarrollo de los últimos 20 años. En este período la mayoría de los sectores clave de la economía ha transparentado sus operaciones incorporando información. Sin embargo, ese proceso no ha ocurrido con el agua. Y ese es el desafío.

"Creo que el mercado se puede mejorar mucho. Pero, me pregunto qué autoridad central sería capaz de intervenir para hacer esta asignación de derechos y lograr que el sistema funcione mejor. Y qué criterios tendría. Ahora sin duda que hay temas donde debiera haber mayor participación del Estado, como en el de la calidad del agua o los caudales ecológicos. También es necesaria la intervención del Estado cuando hay situaciones críticas, pero en general me parece que el rol que debiera tener es dar las reglas del juego, generar información y ayudar a la transparencia".

El reto ahora es ver cómo se inocula información para que no ocurra dispersión de precios, situación frecuente en todas las cuencas. El hecho de que el recurso no tenga un valor claro implica que hay aguas que se están subutilizando, afectando la productividad, o que se usan en cultivos menos rentables. El problema es cómo revertir eso.

Cristi y Melo diseñaron un prototipo de mercado electrónico del agua. Y para su marcha blanca escogieron el Valle del Limarí. La razón es que con el sistema de embalses La Paloma es posible desarrollar un mercado sobre la base de volúmenes de agua -llamado mercado spot-, pues al estar embalsada el productor sabe cuánta agua tendrá.

Las ventajas son inmensas. El productor puede calcular a comienzos de la temporada cuánta agua va a ocupar, y la que le sobra puede venderla. O bien se pueden generar transacciones a través de opciones a futuro sobre esos volúmenes, algo que ya se practica en EE.UU. Eso genera, además, eficiencia en el uso del agua, pues si el agricultor entiende que si logra ajustar su uso, liberará agua que podrá transar.

Que sea el Valle del Limarí donde se está generando este mercado electrónico del agua no es casual: es más simple trabajar sobre la base de volúmenes de agua embalsada que sobre litros por segundo, que es más impredecible. Este es un segundo desafío. Y en el Valle del Maipo están desarrollando estudios al respecto.

La idea es que en el Limarí se cree un lugar donde opere la marcha blanca del sistema. Será un cybercafé al que acudirán los interesados para acceder a la página web que están levantando para efectuar las transacciones. El piloto partiría en las próximas semanas. El problema del agua en Chile es que si bien se tiene un mercado que funciona, la disponibilidad de agua es cada vez menor dado el crecimiento del país. Acciones para transparentar el mercado Hay varias acciones que se pueden emprender para transparentar el mercado del agua. Una es hacer más riguroso el registro de transacciones por parte de los conservadores de Bienes Raíces, tarea a la que está abocada la DGA. Otro tema clave, según explica Melo, es la agilización del trámite que autoriza el cambio de punto de captación del recurso, que a veces dura un año.

El tercer punto, señala Óscar Cristi, es remediar lo que sucede con los remates de agua: "Nos dimos cuenta de que son muy pocos los remates que se han hecho. Por ejemplo, entre agosto del año 2006 y enero de 2010 la DGA convocó a 56 remates de agua, de los cuales sólo se realizaron 38. El 50% se efectuó con dos o menos postores. Y el 29% sólo con un postor".

El cuarto punto es la patente por no uso del agua, impulsada por la modificación del Código de Aguas del año 2005. Óscar Cristi, que analizó este tema, dice que no es efectiva, mientras que Pablo Jaeger, gestor de las modificaciones al Código de Aguas el año 2005, admite: "Claramente se ha comprobado que los montos han quedado chicos. Pero no hay que perder de vista que la patente está diseñada para que los primeros cinco años el costo sea relativamente bajo. Pero después se duplica. Y, luego, a los 10 años, se duplica de nuevo. Es posible que haya gente que prefiera pagar la patente para no perder el derecho de agua. Pero esa misma pregunta se la van a tener que hacer cuando se duplique una y otra vez".

Fuente: El Mercurio

Fuente: El Mercurio
       
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