Abriendo la Ventana de Oportunidades en el Mercado Brasileno del Agua

02/05/2002

Brasil es un país privilegiado en relación a su potencial hídrico, pues dispone de aproximadamente 15% de las reservas mundiales de agua dulce en su territorio. Desafortunadamente, 80% de esa agua se localiza en la región amazónica, donde se concentra apenas 5% de la población del país. Si el agua será el petróleo del siglo XXI, como ya se afirma, podemos imaginar esa región en 20 años, con una importancia equivalente a la que tienen hoy los campos de petróleo del Medio Oriente. Ya la región nordeste del país, que concentra 30% de la población brasileña, dispone de apenas 3% de las reservas de agua, enfrentando serios problemas de escasez. En realidad hay agua en abundancia en el subsuelo de esa región, pero es salobre y, en la mayoría de los casos, con dureza bastante elevada. Esa combinación encarece bastante el proceso de desalinización, pues hace necesario el uso simultaneo de sistemas para ablandar y purificar por osmosis inversa.

Escasez y contaminación

La región centro-sur dispone de una amplia red de ríos y manantiales. Sin embargo, la escasez de agua por exceso de demanda y contaminación de las fuentes abastecedoras se aproxima rápidamente. Ciudades gigantescas como Río de Janeiro y Sáo Paulo - ésta ultima concentrando 18 millones de habitantes en el conjunto de ciudades llamada “Gran Sáo Paulo - además de consumir cada vez más, contaminan los cursos de agua y ocupan las áreas de los bosques que alimentan los arroyos, dificultando aún más la captación de agua limpia. En realidad, las dificultades que enfrentan estas grandes metrópolis no debe ser evaluada solamente por el consumo directo de agua de sus habitantes, pues éste puede variar de modestos 50 litros por día hasta los 200 litros por día considerados como consumo normal para beber, cocinar, lavar, y bañarse confortablemente. El gran déficit es causado por el consumo indirecto de la actividad agrícola necesaria para proveer los alimentos a cada persona adicional. Para producir un kilo de arroz, por ejemplo, son necesarios aproximadamente 2,000 litros de agua; para un kilo de carne de pollo 3,500 Litros y para un kilo de carne vacuna 10,000 Litros. Una sola persona con una dieta alimenticia normal, consume de forma directa e indirecta más de 1,200,000 litros de agua por año.

A pesar de la calificación técnica de los ingenieros brasileños y de la moderna tecnología utilizada en las plantas de tratamiento, la red de agua de Sáo Paulo, por ejemplo, que alcanza una extensión linear superior a 22,000 kilómetros - equivalente a la mitad de la circunferencia de la Tierra - cuenta con aproximadamente 10% a 15% de sus tuberías averiadas. Por mejor que sea el tratamiento realizado en las plantas, sabemos que de 20% a 30% del agua producida se pierde en fugas de la red de distribución. Cuando hay una caída de presión en la red, ya sea por un aumento de demanda o por cierres para mantenimiento de la red, se regresa el agua que escapó, ahora contaminada, hacia dentro de las líneas de distribución destinada a los consumidores.

Almacenaje de agua inseguro

Este problema es particularmente serio en países como Brasil, donde en todas las casas y edificios existe un tanque de agua que acaba contaminado permanentemente. Estos depósitos, que en las casas son cajas de cemento-asbesto con capacidad de 1,000 o 2,000 litros, son instalados en el entretecho, donde la temperatura puede llegar a 500C. Bajo esas condiciones ocurre una gran evaporación del cloro residual, dejando el agua prácticamente sin ninguna protección contra microorganismos. Para empeorar la situación, el ambiente donde se encuentran estos tanques es naturalmente sucio, con mucho polvo en el suelo compuesto por ácaros, deyecciones de insectos, insectos, murciélagos, etc. La tapa generalmente es inexistente, pues se rompe con facilidad y raramente es reparada o substituida. Los golpes de viento que entran por entre las tejas durante las tormentas de verano se encargan de levantar ese material del suelo hacia dentro de los tanques, cuya agua ya no tiene más cloro y se encuentra a una temperatura propicia para desarrollar un verdadero “cocktail” de microbios.

En los edificios residenciales, hoteles y oficinas, la situación no es mejor. Los tanques de gran capacidad—20,000 a 40,000 litros— son construidos de mampostería y generalmente tienen ventanillas de inspección sin ningún tipo de tela o tapa de protección. Es común en las regiones cálidas que se haga una fumigación anual en todas las dependencias de esos edificios para eliminar insectos. Ese procedimiento no incluye el área donde se localiza el tanque de agua por motivos evidentes. Como resultado de esto, es muy fácil encontrar, aún días después de la fumigación, una gran cantidad de insectos refugiados en las paredes internas del tanque, el único lugar del edificio sin insecticida. La mayor parte de esos insectos morirán ahí y caerán al agua donde permanecerán hasta su descomposición.

El desconocimiento de la realidad

La verdad es que estos relatos raramente llegan a los oídos de nuestros consumidores. Tal vez sea por eso que hoy, época en que se enfatiza tanto la necesidad de una alimentación sana, no se cuestiona como se debería la procedencia del agua destinada para beber o la calidad de los filtros utilizados en cada residencia. Esta situación es sorprendente, pues hablamos de un alimento que representa 70% de nuestro peso corporal, que puede transmitir un gran numero de enfermedades y que es responsable por 72% de las internaciones en hospitales de este país. La reacción más frecuente de una persona que se siente mal es preguntarse “¿Qué habré comido que me hizo daño?” y rara vez - tal vez por algún tipo de distorsión cultural - “¿Será que bebí agua contaminada?” Esta situación, a pesar de lamentable, proporciona un extraordinario desafío profesional para la gente de mercadeo y de comunicación.

La perversa combinación de la falta de saneamiento básico, la contaminación llevada a cabo en la distribución y almacenaje, la utilización de filtros inadecuados o la falta de mantenimiento de éstos, son la causa del alto porcentaje de internaciones en hospitales, debido a enfermedades transmitidas por el agua. Se considera que ésta deba ser una realidad válida para la mayoría de los países latinoamericanos. Para enfrentar este problema, el gobierno brasileño ha promovido la creación de una comisión dentro de la Asociación Brasileña de Normas Técnicas (ABNT) para establecer normas para los filtros de agua producidos en el país. Se espera que esas normas estén listas durante el primer semestre del 2002. Paralelamente, se creó ABRAFIPA, entidad que congrega a los fabricantes brasileños de filtros, con el objetivo, entre otros, de la introducción de las normas a ser publicadas en sus productos.

Preferencias del consumidor El mercado potencial para filtros, purificadores, agua mineral, envasadoras y otros productos relacionados con agua potable es estimado en USD 3 a 4 millones. Se cree que actualmente se está alcanzando una penetración de apenas 15% a 20% en ese segmento. En las últimas décadas ha ocurrido una evolución de demanda mostrando la siguiente tendencia:

1940-1 960 (+) Filtros de arcillal \ ~ 5

El consumidor brasileño ha mostrado una creciente preferencia por agua mineral a lo largo de los últimos 7 a 8 años. Tal vez esto sea una fuerte indicación de su insatisfacción con la calidad de algunos filtros ofrecidos localmente. El consumo de agua mineral en el a

Fuente: Revista
       

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