Cuando
se termina la construcción de un pozo y se instala una
bomba, nadie imagina lo que ocurrirá y comprobará
tiempo después. En muchos casos después de tan
poco tiempo como un par de años.
El pozo empieza a disminuir su caudal, su gasto específico
también disminuye y las teorías son tantas como
personas opinan. Si el asunto es tratado con cierta racionalidad,
el primer paso debiera ser consultar con un especialista, pero
lo frecuente es que se saque la bomba y se la mande a “reparar”.
Al sacarla, en muchos casos se comprueba que su aspecto no tiene
nada que ver con la que se instaló. Cañería
y bomba presentan un recubrimiento de variada
coloración, frecuentemente café, rojo y/o amarillento
que algunas veces es fácil de limpiar y que normalmente
es definido como oxidación.
Si se cuenta con la asesoría adecuada
probablemente se hará un monitoreo con cámara
de TV en el interior del pozo y se constatará que el
pozo está en peores condiciones que la bomba. Es posible
que en el video de registro no se pueda apreciar ni siquiera
si hay rejillas o ranurados y resulta difícil explicarse
cómo el pozo aún entregaba algo de agua.
Si se le consulta al propietario del pozo
sobre si fue desinfectado, la respuesta es un no sé
y/o para qué haberlo hecho si el agua era cristalina
como se apreció en la prueba de bombeo.
Más vale no preguntar si se hizo un
análisis de bacterias.
En el agua subterránea pueden existir naturalmente
diferentes tipos de bacterias las que, si disponen de los
ductos apropiados, pueden llegar al pozo y salir junto con
el agua; algunas de ellas no son dañinas para la salud
razón por la cual no se detectan. Hay múltiples
otros tipos de bacterias que reciben denominaciones específicas
y cada vez se aprende más y cómo lidiar con
ellas. Otras bacterias si se detectan por el color u olor
de las aguas y ahí el problema es evidente.
Pero en otros casos las aguas subterráneas
no registran naturalmente bacterias, sin embargo los pozos
presentan problemas que pueden ser atribuidos a bacterias,
especialmente de fierro. |
Estas
bacterias, entre otros efectos, convierten el hierro soluble
contenido en el agua, en hierro insoluble que precipita en el
empaque de grava, la rejilla o ranurado y en la bomba.
Los resultados pueden ser el taponamiento
parcial o total de las aberturas por las cuales entra el agua
al pozo y provocan una baja de caudal y de gasto específico,
afectando la utilización del pozo y provocando severos
daños económicos, por los costos de rehabilitación
y/o por quedar fuera de servicio, lo que suele ocurrir, como
los dolores de muelas, en el momento más inoportuno.
Quien haya visto construir un pozo se dará
cuenta que la faena no es un quirófano, aunque en estos
últimos también hay gérmenes patógenos
que provocan frecuentes infecciones intra hospitalarias. Por
esa razón se hacen o debieran hacerse desinfecciones
de los pabellones quirúrgicos, al menos.
Es lógico que en las faenas de construcción
de pozos y en la instalación y mantenimiento de bombas
no exista cuidado ni conocimientos sobre la presencia de microorganismos
que puedan provocar problemas a los pozos en el corto o mediano
plazo. Muchas faenas son verdaderos basurales y es raro que
se tomen precauciones para mantener los equipos limpios.
El proceso de perforación crea las
condiciones perfectas para el crecimiento de bacterias (altos
nutrientes y agua aireada). Además de las bacterias
de hierro otras bacterias pueden estar presentes en las herramientas,
en los fluidos de perforación y/o en las cañerías
y elementos filtrantes de la habilitación. También
pueden estar presentes en la bomba y sus cañerías,
además de las manos de los operadores y sus herramientas.
Dado lo anterior es responsabilidad ineludible
del perforista dejar el pozo en un estado tal que no sea perjudicial
a su propietario, la bomba y el pozo mismo. Todo perforista
responsable no puede, sino que DEBE dejar el pozo debidamente
desinfectado.
Existen muchos productos para desinfectar
pozos y el cloro es uno de los más frecuentemente usados.
Existe en forma gaseosa, hipoclorito de calcio e hipoclorito
de sodio. El cloro gaseoso es de muy riesgosa y peligrosa
manipulación. Pero también existen en el mercado
otros productos para lograr similares efectos y que han sido
desarrollados específicamente para la desinfección
de pozos y sus fabricantes argumentan que no son corrosivos
de los metales, fáciles de transportar y ambientalmente permisibles,
además de efectivos.
Las dosificaciones pueden ser consultadas
con los proveedores, pero siempre será preferible prevenir
antes que curar, razón adicional para mantener un monitoreo
riguroso sobre el comportamiento de cada pozo el que debe
prestar especial atención a sus niveles, tanto estáticos
como dinámicos, caudal y gasto específico de
manera de advertir oportunamente la probabilidad de que el
fenómeno de crecimiento de bacterias pueda ser detectado
y corregido.
Mientras más se deteriora un pozo,
por las razones que sea, menores son las probabilidades de
que los métodos de rehabilitación logren el
objetivo de restituir las condiciones originales.
En muchas de las “Especificaciones Técnicas”
que me ha tocado conocer, no hay una sola mención a
la faena de desinfección. El pozo se considera terminado
cuando se completa la prueba de caudal constante. |